"Este país saldría adelante si…". La frase de la abuela retumba en la cabeza cada vez que uno se enfrenta a esa cola asesina de la productividad en un banco, un cajero automático o hasta en las mismísimas cajas de un supermercado.
Es cierto, en esta cuestión, hay una regla de oro: la cantidad de gente en una fila está directamente relacionada con el apuro que se tiene. Cuando menos tiempo se tenga, más gente estará haciendo el mismo trámite. A las explicaciones de esta hipótesis no se las debe buscar en las matemáticas o en la física; más bien se las podría encontrar en el destino, cruel, claro está.
Allí hay un mundo aparte, poblado por personajes increíbles: - El tempranero: el que llega una hora antes de que se abran las puertas esperando ganar tiempo y termina demorando el normal funcionamiento del banco. - El oportunista: concurre con un bebé en brazos y evita hacer la cola. Eso sí, las miradas de los demás se transforman en dagas matadoras y más aún cuando el nene/a es obligado a llorar para captar la atención del guardia. - El desesperado: la persona que, al no saber utilizar el cajero o el buzón de depósitos, comienza a mirar a todos lados para pedir ayuda porque la chica del banco siempre desaparece cuando más se la necesita -sí, otra regla-. - El indeciso: después de estar esperando media hora, se acomoda armoniosa y pacientemente frente al cajero (humano) y le pregunta: ¿a qué vine? ¿Pago con tarjeta o efectivo? Inmediatamente, detrás, comienzan a generarse esos murmullos crueles en los que se acuerdan de toda la familia del que demora las cosas. - El picarón: no es el/la que hace alguna otra broma o que le pone onda a la espera contando un chiste. Se trata de la persona que, creyéndose Messi, intenta eludir la fila, generando una avalancha de gritos y enojos. - El confundido: ¿aquí no se reciben tarjetas? ¿No puedo renovar el plazo fijo? Son las típicas preguntas de aquellos que se encandilan con las filas con menos gente y que no leen los carteles.
Y la lista, por desgracia, es interminable. Tanto como el sufrimiento que significa estar en una fila que no se mueve.